Imaginemos por un momento: las seis de la tarde de un martes de junio cualquiera, en Zaragoza, o en Barcelona, por ejemplo. El calor empieza a calar en las calles y, si cierro los ojos, puedo percibir ese aroma inconfundible a final de ciclo y a vacaciones. Es una mezcla de cansancio acumulado, paneles, agendas y Trellos llenos de flecos por cerrar y una pulsión casi desesperada por apagar el ordenador. En muchas de las organizaciones que acompañamos, este ambiente es habitual: equipos en modo «supervivencia», contando los días para un descanso que se siente como una huida. En junio para el verano, o en diciembre para las navidades.
Sin embargo, por nuestra experiencia como facilitadoras en procesos de evaluación y adaptabilidad en empresas, sabemos que este momento de agotamiento es, paradójicamente, el más crítico para la salud de cualquier sistema vivo. Ignorar la necesidad de parar y cosechar lo vivido antes del verano no es solo un descuido, sino algo así como una herida abierta en la estructura de la organización.
¿Herida abierta? ¿Pero para tanto es, Isa? te preguntarás. Sí, puede ser para tanto. Echa un ojo a los datos a ver qué opinión te merece a ti.
La mayor vulnerabilidad de nuestro ecosistema: El silencio de la evaluación
Desde El Camino del Elder publicamos a finales de año el Informe DEFCON 2025, una radiografía sistémica de la efectividad y conciencia en más de 70 organizaciones. Los datos nos han devuelto una imagen algo inquietante: la evaluación y la adaptabilidad es la dimensión más frágil de todo el ecosistema organizacional.
Aunque el 65% de las entidades afirma tener una cultura favorable al cambio, solo un 18,6% cuenta con una cultura real de mejora continua. Es la paradoja del «quiero pero no puedo». Se cansa una ya de escuchar y de leer en todas partes que el entorno es cambiante, volátil, incierto, etc. pero cuando el tiempo aprieta, lo primero que sacrificamos es el espacio para mirarnos. Esta carencia sistemática de aprendizaje es lo que llamamos el punto ciego estratégico. Una organización que reniega de mirarse y que nos se percibe a sí misma es una organización que difícilmente podrá evolucionar.
La Organización como Sistema Vivo: ¿Estamos respirando o solo aguantando el aire?
Desde la Teoría de los Sistemas Vivos entendemos que una organización no es una máquina de producir resultados, sino un organismo dinámico que respira, aprende y cambia. Su estabilidad, por tanto, no depende del control jerárquico, sino de tres principios fundamentales: interdependencia, autoorganización y adaptabilidad. ¿Qué papel juega entonces la evaluación?
Donella Meadows, referente en el pensamiento sistémico, lo expresaba con claridad:
“Los sistemas vivos prosperan cuando pueden percibir su propio funcionamiento”
En términos biológicos, cuando un sistema vivo recibe una perturbación (un cambio en el mercado, una tensión interna o una crisis de crecimiento), su primera reacción es intentar recuperar el equilibrio previo.
El problema surge cuando esa perturbación es tan profunda que las respuestas habituales ya no sirven. En ese momento, el sistema llega a un punto de bifurcación. Aquí, la organización debe elegir: o intenta volver de forma casi obsesiva a una «normalidad» que ya no existe, o abraza un cambio adaptativo que modifique sus patrones internos para evolucionar. Y ese es el papel que juega la evaluación en la adaptabilidad de las empresas. Evaluar en junio permite identificar esos puntos de bifurcación antes de que se conviertan en crisis operativas en octubre. Y es por ello nuestra recomentación.
El puente entre el propósito y la práctica diaria
El informe DEFCON desveló otra grieta importante: el 94% de las organizaciones tiene un propósito claro, pero un 27% reconoce que no sabe cómo integrarlo en las decisiones del día a día. Existe un «abismo estratégico» entre los valores que lucen en la web y lo que realmente sucede en las reuniones y otros espacios del día a día.
Como expertas en el acompañamiento a empresas, sabemos que la resiliencia no es suficiente. Por fortuna los sistemas vivos gozan del don de la adaptabilidad. Mientras la resiliencia se enfoca en la recuperación tras un impacto, la adaptabilidad se enfoca en la modificación continua del sistema para sobrevivir o prosperar. La resiliencia requiere por tanto adaptabilidad, y las empresas más resilientes suelen ser altamente adaptables.
Esa capacidad de un sistema para utilizar su experiencia previa, aprender de ella y anticiparse al futuro ayuda a gestionar el cambio constante y nos permite adelantarnos, es decir, actuar de una forma creativa y no reactiva ante los cambios.
Por tanto, resulta lógico pensar que si un equipo se va de vacaciones sin procesar lo que ha sucedido en los primeros meses del año, las tensiones acumuladas (recordemos que el 82% de las organizaciones admite no gestionar eficazmente sus conflictos), o procesos que han generado frustración o resistencias, ese malestar siga ahí en septiembre. Porque no, no desaparece solo; sino que fermenta en silencio al calorcito de agosto y estalla al regreso en forma de desmotivación, bajas voluntarias, fuga de talento, o resistencias en forma de pasividad, oposición o boicot a las propuestas del resto del año.
RESET 360: Facilitación profesional para cerrar el ciclo
Sabemos que en junio, lo que nos pide el cuerpo es hacer la mítica paella de empresa y la correspondiente desconexión. Pero como facilitadoras, te invitamos a mirar más allá. El conflicto y la ineficiencia no se resuelven con vino -tampoco con gin-tonics- . Se resuelven creando espacios de seguridad psicológica donde la diferencia pueda expresarse y convertirse en sabiduría colectiva.
Para cerrar esta brecha, hemos diseñado el producto RESET 360: El Puente Estratégico. Una intervención técnica de dos sesiones de acompañamiento basada en nuestro Modelo de Efectividad Grupal pensadas para una mejora directa de la evaluación y adaptabilidad en empresas:
- Sesión de cosecha sistémica que planteamos no como un examen o listado de errores del primer semestre, sino un espacio para «limpiar la casa». Identificamos qué procesos han sido lastre y qué éxitos debemos celebrar, permitiendo que el equipo transite lo que William Bridges llama la «zona neutral»: ese espacio de incertidumbre donde lo viejo se va pero lo nuevo aún no ha nacido.
- Sesión de horizonte estratégico donde traducimos el propósito en hitos tácticos que retomar en septiembre. Nadie se va de vacaciones con incertidumbre. El equipo se retira con el plan diseñado, recuperando la autonomía y la claridad que se pierden en los momentos de crisis o de agotamiento.
La presencia de una mirada externa es fundamental para que responsables y líderes no tengan que dirigir la orquesta mientras intentan ser parte de ella. Ya sabemos lo complicado y poco efectivo que es tratar de sostener estos dos roles a la par en momentos como los de evaluación. Así, nuestra misión como facilitadoras es sostener el espacio para que vuestra organización recupere su capacidad de verse, sanar y proyectarse para lo que resta de año.
No dejes que tu equipo se vaya de vacaciones con la sensación de «huida». Brindaos la oportunidad de cerrar el curso con satisfacción y volver en septiembre con la energía de un nuevo comienzo ¿Hacemos el RESET 360 antes del verano?
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Referencias:
- Informe DEFCON 2025: Efectividad y conciencia en las organizaciones, El Camino del Elder.
- Escorihuela, J.L. «Ulises», Gestión del cambio: Ideas para diseñar procesos de cambio conscientes, 2021. Conceptos de perturbación, adaptación y puntos de bifurcación.
- Bridges, W. (1991). Managing Transitions: Making the Most of Change. Da Capo Press Inc.
- Meadows, D. (2008). Thinking in Systems: A Primer. (Referenciada por su impacto en la teoría de sistemas vivos aplicada por la organización).
