En un mundo organizacional cada vez más complejo, las herramientas tradicionales para gestionar equipos se han quedado cortas frente a los desafíos relacionales, culturales y emocionales que emergen en los entornos laborales. A veces puede parecer que estás haciendo malabares con un cactus. Por eso hoy queremos poner el foco en la mirada sistémica: una forma diferente, profunda y transformadora de acompañar a los equipos.
¿En qué consiste esta mirada?
En dejar de ver al equipo como una suma de individuos y empezar a verlo como un sistema vivo, en el que se muestra la interdependencia y que está en constante evolución.
¿Qué es la mirada sistémica?
La mirada sistémica proviene de la Teoría General de Sistemas de Karl Ludwig von Bertalanffy (ese señor de nombre impronunciable) y ha ido evolucionando gracias a aportaciones diversas. La clave de este paradigma es sencilla y compleja a la vez: no te fijes solo en los comportamientos individuales, sino en las relaciones, los patrones y los órdenes invisibles que están en juego, influyendo en el funcionamiento colectivo.
Algunos ingredientes clave de esta sopa sistémica:
- Teoría General de Sistemas – Ludwig von Bertalanffy : Nos enseñó que todo sistema es un conjunto de elementos interrelacionados. Y sí, eso incluye a tu equipo de marketing peleándose con el de ventas: interdependencia pura y dura.
- Terapia Familiar – Virginia Satir: Aplicó el enfoque sistémico al núcleo familiar, enfocándose en la comunicación, los vínculos y la autoestima. Porque si hay algo parecido a una familia disfuncional en la vida laboral, es el equipo que nunca resuelve los conflictos y sigue tirando hacia adelante como si nada.
- Constelaciones Familiares y Organizacionales – Bert Hellinger: Desarrolló una herramienta para representar dinámicas ocultas en los sistemas. Su visión fue influida por su convivencia con la cultura zulú, que le enseñó el valor del respeto a los ancestros y la pertenencia como claves del equilibrio relacional. Porque nada como poner a tu equipo en fila para ver quién está cargando con los problemas ancestrales de la empresa.
- Pensamiento Complejo – Edgar Morin: Plantea que los sistemas (como los equipos humanos) son dinámicos, inciertos y no lineales. Para aceptar que un equipo humano es un caos en movimiento, lleno de factores interactuando al mismo tiempo.
- Ubuntu – Filosofía africana: Esta visión comunitaria sostiene que “yo soy porque nosotros somos”. Valora la conexión humana, la dignidad compartida y la cooperación, promoviendo relaciones basadas en la empatía y el bien común. Porque “yo soy porque nosotros somos” es mucho más potente que “yo soy porque mando mucho”.
Principios sistémicos: las cuatro leyes del equilibrio en los equipos
¿Por qué mirar el sistema y no solo a las personas?
El enfoque individualista en la gestión de equipos puede hacernos caer en trampas peligrosas: si alguien no cumple con sus tareas, rápidamente lo etiquetamos de “perezoso” o “poco comprometido”. Pero, ¿qué pasa si ampliamos la mirada? ¡Quizá descubramos que esa persona está recibiendo información contradictoria de diferentes líderes!
En lugar de correr a implementar estrategias de motivación (o de amenaza) individuales podemos preguntarnos: ¿Qué está pasando en el sistema? ¿Qué necesita cambiar para que la energía fluya mejor?
Los equipos se rigen por ciertos principios fundamentales. Estos principios ayudan a identificar qué está sucediendo en el equipo y cómo podemos abordarlo de manera efectiva.
1. Pertenencia
Todos los miembros tienen derecho a un lugar en el equipo. La exclusión, aunque sea simbólica, (como olvidar siempre a alguien en los correos importantes), genera tensiones que pueden afectar al conjunto.
2. Orden
Cada persona ocupa un rol dentro de la jerarquía funcional. Cuando los roles se confunden, emergen conflictos y desorientación. Si en tu equipo hay tres personas liderando al mismo tiempo (quien tiene el cargo formal, quien aspiraba a tenerlo y a quien sigue realmente el equipo), probablemente el principio de orden esté patas arriba.
3. Equilibrio entre el dar y el recibir
Las relaciones se sostienen en un flujo equilibrado. Cuando alguien da mucho y recibe poco (o al revés), el sistema intenta compensarlo, muchas veces de forma disfuncional. Esa persona que siempre cubre el turno de los demás sin recibir reconocimiento tarde o temprano explotará. Y no, el café gratis no compensa.
4. Propósito compartido
Todo sistema se orienta hacia un fin. Si el equipo no está alineado con ese propósito, la energía del grupo se dispersa. Por ejemplo, si el equipo de ventas prioriza cantidad y el de producción prioriza calidad, el cliente no verá respondidas sus expectativas (esperará cantidad, probablemente con calidad), estará insatisfecho y el conflicto estará servido.
La mirada sistémica permite hacer visibles las dinámicas invisibles que ocurren por no respetarse estos principios y trabajar en su integración, en lugar de fijarse e intentar corregir conductas individuales que probablemente no resuelven la tensión de fondo.
Herramientas sistémicas para trabajar con equipos
¿Cómo llevar estos principios a la práctica? Aquí tienes algunas herramientas sistémicas eficaces que utilizamos en la facilitación de equipos:
- Constelaciones organizacionales: Esta metodología permite representar las dinámicas del equipo en el espacio. Colocando físicamente a los miembros o roles según su percepción de cercanía y observando cómo se relacionan entre ellos (si se miran o están de espaldas, etc.) podemos identificar qué roles están descompensados o qué relaciones necesitan reajustarse.
- Mapeo sistémico: Visualiza las relaciones y flujos dentro del equipo u organización. El mapeo ayuda a detectar cuellos de botella en la comunicación y a visibilizar quién está asumiendo más carga de lo que debería.
- Preguntas circulares: Son preguntas que conectan puntos de vista diversos, abriendo nuevas perspectivas. En lugar de preguntar: “¿Qué te molesta de esta situación?”, pregunta: “¿Cómo crees que lo ven los demás?”. Esto permite desatascar conversaciones y ver el problema desde ángulos distintos.
- Espacios de diálogo desde la teoría U o el pensamiento complejo: Invitan a escuchar el sistema y co-crear nuevas respuestas. No se trata de llegar con soluciones prediseñadas, sino de dejar que el equipo identifique conjuntamente qué cambios necesita para avanzar.
El Ciclo formativo de Facilitación Sistémica, liderado por Bugui García es una formación donde podéis obtener herramientas prácticas para aplicar la mirada sistémica en los equipos.
Aplicación práctica de la mirada sistémica en organizaciones
Una de las funciones más potentes que ponemos en práctica como facilitadoras es ayudar a que los equipos desarrollen una especie de autoconciencia colectiva. Es como enseñarle al sistema a verse a sí mismo.
Imagina una sesión en la que el equipo reflexiona sobre qué patrones parecen repetirse: ¿Por qué siempre llegamos al deadline corriendo? ¿Por qué las decisiones se atascan en el mismo punto? ¿Por qué algunas voces se escuchan más que otras? Trabajar desde esta perspectiva nos permite salir del bucle de culpas individuales y entrar en un espacio de aprendizaje compartido.
Cuando el equipo entiende que no se trata de culpar a personas concretas, sino de reconocer patrones que llevan tiempo instalados, emerge una nueva forma de afrontar los desafíos.
Beneficios de aplicar la mirada sistémica en equipos
Los equipos que incorporan esta mirada logran:
- Aumentar la cohesión grupal: los miembros se sienten vistos y valorados
- Reducir y mejorar el abordaje de conflictos, al trabajar desde la raíz y no solo desde el síntoma
- Aumentar el sentido de pertenencia, compromiso y motivación.
- Mejorar la toma de decisiones al considerar perspectivas más amplias
- Empoderamiento colectivo: el equipo aprende a mirarse y ajustarse de manera autónoma
Además, se fortalecen las capacidades de liderazgo y se fomenta una cultura organizacional más consciente e inclusiva.
La mirada sistémica en El Camino del Élder: mirar el sistema para entender el equipo
La mirada sistémica nos invita a dejar de intentar controlar los equipos como si fueran máquinas. Son sistemas vivos que respira, cambian y sí, a veces, tropiezan. El reto está en acompañarlos a verse, reconocerse y ser capaces de autorregularse. Y si algo hemos aprendido en estos años, es que cuando el sistema se hace consciente de si mismo ya no hay vuelta atrás: comienza a autoajustarse de manera natural y genuina.
Así que sí, quizás gestionar equipos siga siendo como hacer malabares con cactus. Pero al menos ahora entendemos que si uno cae, igual no es solo porque alguien lo lanzó mal, sino porque el ritmo del conjunto estaba pidiendo un ajuste.
Nosotras, mientras tanto, seguiremos acompañando estos procesos con curiosidad, mucho cariño y una buena dosis de humor, además de todas las herramientas que nos ayuden a llevar más conciencia a los equipos de sus propios procesos, partiendo del Modelo de Efectividad grupal, las mismas herramientas sistémicas o el Trabajo de procesos.
Si te apetece darte una vuelta y explorar el orden en el caos o el caos en el orden con nosotras, aquí estamos.
