Mirar las estrellas

Anoche, antes de acostarme, salí a la puerta de casa a mirar el cielo. Después de varios días nublado, había un cielo totalmente despejado y lleno de estrellas. Afortunadamente vivo en uno de los lugares más despoblados de España y no hay apenas contaminación lumínica. Los días de luna nueva (ahora está creciendo, pero todavía pequeñita) el cielo es una nube densa de estrellas y se comprende perfectamente por qué nuestra galaxia se llama la vía láctea. Mirar las estrellas durante un rato es una suerte de terapia sencilla para apartar pensamientos obsesivos que nos rondan habitualmente, reducir la ansiedad que producen y entrar en un espacio interior de calma, de paz y de dicha.

Pensaba anoche que esas mismas estrellas han sido observadas por muchas otras personas antes que yo y que, seguramente, todas ellas se debieron quedar tan fascinadas como yo, incluyendo mis antepasados de los que tengo constancia que dormían muchas noches al raso, atentos al cielo. Por un momento me sentí en íntima conexión con todas esas personas, del presente, de la antigüedad y de la lejana prehistoria humana, millones de personas mirando cautivadas el amplio cielo nocturno. De repente ya no era yo, ese pequeño ser inmerso en una cotidianidad tan absorbente como irrisoria, con preocupaciones que apenas interesarán a nadie en poco tiempo, si es que tienen algún interés para alguien en estos momentos. 

Anoche era un ser humano mirando el cielo y las estrellas, un ser humano conectado a una increíble fuente de belleza, confianza y poder, la que proporciona un cielo inmutable (o casi), lejano y misterioso del que me sentía parte. En esos momentos, el mundo dejó de ser Volátil, Uncertain, Complejo o Ambiguo y pasó a ser algo sólido, cierto, simple, claro. Me reafirmó en mi idea de que es posible escapar a los terribles giros de la fortuna yendo hacia ese centro inmutable que apenas cambia (Visión), comprendí que es posible elegir entre una mirada analítica que disecciona el mundo en millones de partes y una mirada sistémica y holística que lo mantiene como una totalidad sólo aprehensible a través del amor (Understanding), sentí el poder y el valor necesarios para vivir y asumir los riesgos que toda vida conlleva (Courage), y por último pude decir adiós a un yo temeroso, demasiado apegado a la seguridad y el control, para ser por un momento un ser fluido, ligero, desapegado, Adaptable.

Todas estas sensaciones duraron un instante, eterno en sí mismo, aparentemente insignificante. Sé que dejó huella en mi, que algo quedó dentro de mí, una semilla que espero ver crecer en los próximos años, una semilla que tendré que regar cada día, dedicarle atención cada día, llevar conmigo en muchas de las cosas que haga cada día. Diría que es la semilla del élder, de ese ser o espíritu que saber sentarse en el fuego de la diversidad y el conflicto, que es capaz de acoger, acompañar y amar a quienes no tienen poder y a quienes lo tienen, que no tiene preferencia por ningún camino, sino que invita a todas las personas a encontrar juntas el camino. Anoche, durante un instante, insignificante y eterno, el élder y yo compartimos silencio mientras mirábamos un cielo lleno de estrellas.

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